+ Viejitas…

Hoy escribí un disparate en mi muro de Facebook – cosa frecuente- y al ver los Me Gusta, decidí darle curso a la historia, porque quizás mucho de los que pasan por mi muro no tengan ni mínima idea de lo que quise decir con ella. interrogacion

La frase, más o menos decía: cada barrio de Cuba, tiene una viejita que le lleva el café con leche en las mañanas al médico… la frase era más larga, pero el final se los cuento después. Muchos desconocen cuánto de verdadero hay en esa frase, pero cualquiera que por ventura – o desventura- haya trabajado en Cuba alguna vez, sabe de lo que estoy hablando, incluso sin ser médico.

Allá en nuestra tierra amada, cuando hacen las calles, parece ser, que las construyen con viejita incluida, es como si fuera un medio básico del CDR –solo los cubanos sabemos de lo que hablo- ella será la encargada (entre otras cosas) de llevarle el café con leche al médico del consultorio. Las “hacen” de diferentes modelos, las hay tiernas (Tipo I): esas son un pan de azúcar con todo cuanto encuentren en su camino, le tocan el estómago a uno para saber si está con hambre, de esas puede ser que el café con leche venga acompañado de un pan (el de la bodega y quizás hasta con algo adentro) y entrará a la consulta repartiendo besos – sin pensar en el ébola o el H1N1- , esas son buenas, especiales.

viejita tipo IIOtro “modelo” son las chismosas (Tipo II), con distinto objeto social que las primeras; lo primordial en ellas es obtener algún tipo de información “importante” (chisme) que, con certeza, será divulgada más tarde en el barrio; de ella, el café con leche vendrá casi siempre solo y falta de azúcar.

Pero bueno, no importa el modelo que te toque, lo importante es que ella cada mañana te llevará tu desayuno, puntual, siempre puntual. De repente, puede ser que un día la “jugada” se le apriete y se te aparece con un vaso de “agua de miroldo”, el que también es bienvenido a las 9 am después de haber visto las mismas caras de cada día; aprovechas la llegada de la viejita que viene con un vaso en la mano, tapado con un platillito de los antiguos, con sus respectivas chancletas y quizás hasta , con los rolos alterados, presos con una vieja pañoleta, te paras y coges “un cinco”, elevas tus niveles de dextrosa en sangre, dejas de explotar “los cuerpos cetónicos”, dejarás  de ver doble a los pacientes, despiertas y recomienzas la faena.el mareo

Quiero decirles que, esas viejitas a veces hacen trabajo comunitario y prestan sus servicios a otras empresas: el cobrador de la corriente, el cobrador del agua, la señora que cobra la FMC – otra vez, solo entienden los cubanos- y hasta el señor que está subido al poste cambiando las bombillas. Ellas son verdaderas heroínas y las que son Tipo II (las chismosas ¿recuerdan?) pueden convertirse -usando esa táctica cooperativa- en una verdadera red informativa, algo así como un Barrionet (Internet del barrio o algo así), pero siempre llegan justo a tiempo para calmar la sed y en ocasiones, para evitar la tan cercana hipoglucemia.

Triste cosa es llegar a un barrio que no tenga “viejita”, si te sucede, vas a saber entonces “donde Pupi va a tocar”, como decimos en buen cubano: te lleva el diablo, pero si en cambio, el barrio donde trabajas tiene la suya, corriste con suerte, “hipopapemia” resuelta.

la  viejitaYo he tenido la suerte de experimentar casi todas las variantes de viejitas, aun en la distancia recuerdo con mucho cariño a casi todas con las que “trabajé”, ellas me dieron abrigo, amor, conforto y muy importante, me salvaron más de una vez – sin lugar a dudas- de los desmayos que vi pasar cerca unas cuantas veces. Tenía una en cada consulta en la que me tocaba trabajar y no solo eso, cuando terminabas tu labor en esa zona, se la entregabas a quien fuera tu relevo, ellas son un trabajador más en ese local. Si la suerte te acompaña, encontrarás familia y apoyo incondicional en la viejita que te “entreguen” en el barrio donde te desenvuelvas.

Ahora me despido, queridos amiguitos, debo salir a luchar algo que me salve de esta inanición prolongada, esta vez caí en una barriada que carece de viejita –quizás sea temporariamente el problema- y debo “luchar la yuca” por cuenta propia. A quien pueda interesar, solicito la iniciativa de un programa para la contratación de viejitas para mi consejo popular, lo podemos llamar: + Viejitas… Siempre orgulloso de lo que soy, les recuerdo que nosotros no pedimos ser cubanos, sencillamente, tuvimos mucha suerte. Mil bendiciones a todos, que la vida les sonría y que cada paso que den sea firme y estrictamente bien calculado, reciban el saludo cariñoso de este amigo que los quiere:viejita FINAL

El cuetense intranquilo.

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Acerca de El cuetense intranquilo

Soy un sencillo intruso que se somete a pruebas que el destino le pone, escribo lo que quiero mientras pueda, el día que no pueda escribir lo que quiero, me dedicaré a pensarlo. Amo a mi familia más que a mi mismo. Soy de Cueto, Holguín, Cuba y tú?
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Una respuesta a + Viejitas…

  1. Yanela dijo:

    Cuando me gradué de médico, tuve que irme hasta Marcané para hacer mi servicio social. La primera guardia en el hospitalito parecía eterna. Sentada en los escalones de la entrada veía el camino hecho, más de tierra que de asfalto, supongo que por los años sin reparar, El viento arremolinando las hojas de los casi secos árboles que habían resistido la aridez de aquella tierra y se me antojaba que en cualquier momento un hombre a caballo, pistola en la cintura, doblaría la esquina simulando una película del Oeste. Sin embargo, quien apareció, con un andar molesto, debido a una dolencia que había vencido a los mejores médicos, tanto así que la habían mandado a morir a su casa…., fue mi viejita. Sí… digo mi viejita porque fue la que me tocó. Conversamos tanto que me hizo olvidar lo sola que estaba y lo mucho que extrañaba mi casa. Desde aquel momento, día tras día, a las 12:00 en punto, Calcuta, que era como le decían pues ya nadie recordaba su nombre, caminaba casi 2 kilómetros para traerme mi añorado almuerzo: Fufú de plátano burro con un huevo frito. Así pasé más de dos años, bajo el amparo de mi dulce viejita. Fue triste despedirme de ella, mucho más porque no sabía entonces que sería la última vez que la vería. Una semana después, recibí una llamada diciendo que mi amiga había muerto del mal que la aquejaba. Siempre he creído, que solo resistió, para cuidar de mí……..
    Disculpa si el comentario fue muy largo, pero me alegra que esas viejitas tengan también su espacio.

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