El loco de la moto y el servicio militar.

A mí no me crean, esta historia me la contaron hace algún tiempo y no dudé en creerla porque, convencido estoy, de que somos capaces de hacer cualquier cosa con tal de esquivar el Servicio Militar Activo (SMA) – el verde-, así como ésta, conozco la del que se hizo pasar por sordo, pero falló cuando al salir lo mandaron a cerrar la puerta y la cerró, se regaló. Otros que han pasado por ciegos de un ojo, mudo, cojos, etc., pero el protagonista de esta hazaña que les traigo hoy sí que “se le escapó al diablo”.

Dicen los que saben, que este personaje entró al SMA y luego de los primeros días de “previa” empezó a simular que andaba en una moto, si, una moto de esas de las “bacanas”: la lavaba, le daba mantenimiento, le echaba gasolina y la arrancaba a “patadas” a la hora de salir -el automático no existía aun cuando aquello-

A la hora de las formaciones, el hombre llegaba en su “moto” mental, la parqueaba y se incorporaba al pelotón. De igual forma, a la hora de la comida, la “parqueaba” en la parte de afuera del comedor, pero siempre procurando que alguien le echara un vistazo en lo que él se alimentaba, al salir le pasaba un pañito y se montaba cómodamente, arrancaba y se perdía entre la “marea” verde de la unidad haciendo un cómico sonido de moto acicalada, al estilo de las MZ bien cuidadas que hay en Cuba. Se pasaba los días en su moto, feliz, como niño con juguete nuevo.

Así pasó más de dos meses. Luego de enfrentarse a varios castigos y sanciones por incumplimiento de las tareas asignadas y casi al punto de tener que presentarse a un tribunal de honor, a algún oficial se le “alumbró el bombillo” y tuvo la grandiosa idea de pasarlo por una comisión médica, porque era obvio que el hombre no estaba bien “del coco”.

Se presenta la comisión, mandan a buscar al ”loco de la moto” –demora un poco- y después de algunos minutos apareció frente a la psiquiatra en su “hierro”, haciendo con la boca el sonido de que les hablé, frena, pone “el burro”, apaga, quita sus llaves, se baja con estilo y se quita el casco –en un examen de tránsito hubiera sacado 5/5- la doctora presenció aquella escena y le preguntó el porqué de la demora, a lo que el soldado respondió bajando la cabeza: “la moto no arrancaba doctora, le pido me disculpe” y más serio que la propia galena.

La señora le realizó algunos formularios, exámenes y preguntas y dio por terminada la evaluación. A la hora de la despedida “el motorista” le preguntó a la profesional: ¿Se va a pie o la llevo? La doctora con una sonrisa le respondió: gracias mi ángel, me encanta caminar.

Dos días después de ese examen, lo llaman a la oficina del jefe para informarle que le habían dado la baja de las FAR, no estaba apto para continuar. El chico cabizbajo, se monta en su “moto” va a hasta el cuartel, recoge sus modestas pertenencias, arranca y con su ruidillo característico parte. Al llegar al Punto de Control de Pase le pide al sargento de la guardia que habrá el portón grande: “voy a salir”, el sargento le dice: “salga por la puerta personal”. No quepo, responde -alternando el ruido de la moto con las palabras-“no ves que ando en la moto”. El sargento abre el portón riéndose y murmurando “ay loco de mierda, al fin te vas” y pregunta burlándose: ¿bueno y te queda gasolina como para llegar a tu casa? Porque tú vives bien lejos ¿llegará hasta allá la moto?, el “locomoto” apagó, puso “el burro”, se bajó, se quitó el casco, quitó las llaves, se las lanzó al guardia y le dijo: coge, no me voy a llevar la moto, aquí te la dejo con las llaves, casco y tanque lleno; si tienes los pantalones bien puestos como yo, quizás también te puedas ir en ella cualquier día de estos. Despacito y sonriente se alejó –a pie- mientras cantaba “voy por esta carretera” de Roberto Carlos.

Nada, ocurrencias de cubanos, si alguien tiene otra versión le pido anticipadas disculpas y le agradecería que me la dejase en los comentarios. Más o menos así fue como llegó a mis oídos; aunque siempre le puse un poco de lo mio, pero solo un poco. Siempre orgulloso de lo que soy, les recuerdo que nosotros no pedimos ser cubanos, sencillamente, tuvimos mucha suerte. Mil bendiciones a todos, que la vida les sonría y que cada paso que den sea firme y estrictamente bien calculado, reciban el saludo cariñoso de este amigo que los quiere:moto

El cuetense intranquilo.

 

 

 

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Acerca de El cuetense intranquilo

Soy un sencillo intruso que se somete a pruebas que el destino le pone, escribo lo que quiero mientras pueda, el día que no pueda escribir lo que quiero, me dedicaré a pensarlo. Amo a mi familia más que a mi mismo. Soy de Cueto, Holguín, Cuba y tú?
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