Los sábados en Cueto.

Hace unos pocos años, o más o menos pocos, cuando aun nos encontrábamos en plena adolescencia, nos propiciaba una alegría inmensurable ver llegar los sábados en nuestro querido pueblo. Todo estaba pensado, sabíamos a donde asistiríamos, que íbamos a beber, con quien saldríamos y hasta que “muda” de ropa bailaría ese fin de semana. No era muy difícil tomar esas decisiones porque, en verdad, las ofertas eran mínimas, el presupuesto “chillando gomas”, imagínense, pre-universitarios con un desamparo textil dando la hora; yo tenía un pantalón, dos camisas -las cuales tenía que alternar muy inteligentemente- y un par de zapatos que me hizo un zapatero de apellido Canales, que eran jugadores regulares de todos los juegos: “estudio, trabajo y fusil” más las salidas de los fines de semanas.
Mis amigos casi todos vestían con ropas heredadas de papá y quienes, como yo, no heredamos nada del progenitor, teníamos que conformarnos con lo que mamá nos pudo escoger en las “shopitrapos o trapishopi” el orden de los factores no altera el producto y mucho menos aquel producto, sé de hermanos que tenían una sola muda de ropa para los dos y en ese caso, obviamente, quienes debían alternar las salidas de los sábados eran los bailadores y no la “muda”, un sábado salía uno y el próximo sábado gozaba el otro, pero a pesar de todo eso, éramos mucho más felices que la juventud del Cueto de hoy, me atrevo a decirlo con sólida base.
Usábamos la misma ropa cada fin de semana, bebíamos licor de menta y hacíamos las fiestas en la “disco bomba”, que no era una disco y mucho menos una bomba, pero nos dejaba caer la música de aquellos tiempos y con la cual nos divertíamos hasta el cansancio. Con el modesto precio de $15 –entre todos- teníamos para la botella del ya mencionado licor, sumándole el peso de la entrada a la disco teníamos resuelta la sabatina diversión. Aunque muchas veces nos quedamos, por menor precio, en el cine disfrutando de alguna de las calientes películas cubanas. Pero en estos días, el cine Taino se mantiene casi obsoleto y no por falta de propuestas, sino por falta de costumbre.
Pero: ¿Qué pasa con los jóvenes de hoy? ¿Por qué digo que nosotros éramos más felices que ellos? ¿Es de ellos la culpa de la falta de opciones recreativas en el municipio?
Una de las cosas que le sucede a los jóvenes de hoy es que si no tienen las mejores ropas, los zapatos más caros, el mejor reloj y hasta modernos celulares, ya no están a la altura de estos tiempos y consecuentemente, el padre que no llegue hasta allá, va a tener un hijo que va a quedar por debajo de las “normas sociales” de hoy, pero aun así, no creo que sea eso lo que haga de los sábados cuetenses uno de los más aburridos del país. A pesar de esa nueva honda de andar de marcas de la cabeza a los pies, no creo que por eso se quede en casa el que tiene menos oportunidades textiles o el que no tiene el teléfono celular actualizado, o el que no tiene ninguno; la causa de que la gente se quede en casa es la ausencia, casi total, de ofertas recreativas diurnas y nocturnas asequibles a todos, los que pueden y los que no tanto.
En mis pasadas vacaciones me pasé un fin de semana por allá por mi pueblito natal, el panorama fue triste para mí. La discoteca sin música, la plaza desolada, el cine vacio, el restaurant “Las palmas” sin oferta alguna, La casa de la cultura cerrada, una “carpita” que habían instalado cerca del parque fue retirada, lo mismo pasó con una que hubo en la llamada “Pista juvenil”, y entonces ¿Qué pueden hacer los jóvenes de hoy?
En el lugar donde estaba situada la Casa de la cultura antigua, colocaron una “carpa” donde venden, casi exclusivamente, cerveza de esas que los precios son como para trabajadores del turismo. ¿Quién puede beber de esa cerveza? Los jóvenes y demás vecinos de cualquier edad que quieren salir a la calle con la novia, esposa o familia, tendrán que ir al cine –les guste o no-
En mi época (aclaro que soy un niño de veintinueve años), que estoy convencido que no fue la mejor, teníamos: “El ranchón Los Caneyes”, “El Sibucán”, “El Club”, cabaret “Las Palmas”, “La Pista Juvenil”, plaza “Tania la Guerrillera”, pero además de eso aun era útil el cine, la librería, la biblioteca, la galería de arte y el museo, a quien he extrañado mucho en los últimos años.
Recuerdo que en “Las Palmas” teníamos un “Café Cantante” los sábados a las 9 de la noche donde se podía invitar a la familia, la pareja, los amigos y se pasaba muy bien. Disfrutábamos de excelentes interpretaciones a cargo de músicos locales que han hecho historia en el municipio como son: Jesús Garcell y sus hijos Halex y Alfredo, Pedro Mantecón, Odelín Batista, Drigg, los mellizos Rosbel y Roberto y otros intrusos como yo que nos hacíamos pasar por músicos y entrabamos en esa salsa. Esa rumbita empezaba de lo más organizada, con libreto y todo, declamaciones, cuentos etc., pero terminábamos todos en un solo grupo, a golpe de son y rumba y con tremenda cantaleta; en fin, con mucho menos hacíamos más.
Desafortunadamente no me tocó vivir la época en la que los jóvenes le daban la vuelta a la cuadra, las mujeres en un sentido y los hombres en otro –me gustaría que alguien me contara más sobre eso- pero viví muy buenos carnavales, con los muñecones, carrozas con las bellas mujeres de nuestro pueblo y llegué a beber malta en las pergas de cera –cerveza no, era muy niño- cosas que la juventud de hoy no verá ni en sueños.
Falta motivación en los jóvenes por manifestaciones culturales como son el cine, la danza –la sana- y pudieran también ‘explotar’ un poco más instituciones como la biblioteca –que funciona muy bien bajo la dirección de Gavino Abiague- o la sala de videos, instalaciones que, además de entretener, instruyen; pero evidentemente hace falta un empujoncito por parte de los organismos competentes para hacer que fluya la cosa.
¿Cuesta tanto darle una manito a esas instituciones culturales para hacer más “pasajeros” los sábados de cueto? ¿Por qué en la capital provincial si se pueden arreglar las instalaciones al precio que sea necesario? ¿No tienen derecho los jóvenes y demás vecinos de los municipios de disfrutar de las mismas opciones que disfrutan los holguineros? ¿Podremos algún día volver a salir un sábado sin la incertidumbre de no encontrar donde meternos? Estas preguntas no seré yo quien las responda, no me competen. Pero sería bueno que alguien solucionara el problema de los sábados en Cueto.
Siempre orgulloso de lo que soy, les recuerdo que nosotros no pedimos ser cubanos, sencillamente, tuvimos mucha suerte. Mil bendiciones a todos, que la vida les sonría y que cada paso que den sea firme y estrictamente bien calculado, reciban el saludo cariñoso de este amigo que los quiere: El cuetense intranquilo.

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Acerca de El cuetense intranquilo

Soy un sencillo intruso que se somete a pruebas que el destino le pone, escribo lo que quiero mientras pueda, el día que no pueda escribir lo que quiero, me dedicaré a pensarlo. Amo a mi familia más que a mi mismo. Soy de Cueto, Holguín, Cuba y tú?
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9 respuestas a Los sábados en Cueto.

  1. Yury L. Durán dijo:

    Muy bonito y real. Me gustó mucho… como siempre. Espero anecdotas nuevas.

  2. ines martinez nuñez dijo:

    Saludos Franklin , soy de la època de dar vueltas a la manzana y me encantaba, lo disfrutè mucho con mis amigos, nos vestìamos con las mejores ropas para dar una vuelta el sàbado , que felicidad, te juro que si, saludos, Dra Inès.

  3. zenia dijo:

    saludos frank, me encantan tus historias , a tal punto que las siento mías, tan de todos, me haces vivir esos años que como tu disfruté aún cuando existían limitaciones económicas pero sobraban la alegría y deseos de hacer

  4. juan miguel dijo:

    jajaja loco saliste echando del poblado,trankilo q las retiradas a tiempo son lo mejor,yo voy echando del mio tambien jajaja,esta asi mismo jejeje nos vemos hmno

  5. Anónimo dijo:

    esta de madre ese cueto jajajajjaa menos mal que te mudaste para holguin jajajajaj, es broma es verdad todo lo que dices y no solo cueto sino mas alla de este lugarsito pasan cosas asi espero que algun dia que me imagino q sera bien lejano las cosas sean mejor ( marilin )

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